Introducción
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, en lo que hoy corresponde a la frontera entre México y Belice, tuvieron lugar diversas circunstancias históricas, entre ellas la confluencia de la cultura maya, asentada en la región, y la estructuración del desarrollo territorial de la colonia de Honduras Británica, basado en la explotación agroforestal. Como resultado de este proceso de mestizaje, surgió un tipo de vivienda que integró la tradición de la casa maya con el modelo arquitectónico del bungalow inglés, característico del contexto colonial.
La casa maya

Casa maya en construcción. Fotografía: Onnis Luque. Fuente: Arquine
La casa maya hace uso de la madera en las paredes, los pilotes y el envigado del techo, lo que implica que la madera está presente en un 70% de su construcción, aproximadamente.
La construcción de la casa maya inicia con la colocación de los noh-ocom, los cuatro horcones principales que sostienen la estructura de la cubierta. Estos postes se empotran verticalmente en el suelo mediante hoyos profundos, se afianzan con piedra y tierra compactada y reciben en su parte superior las vigas principales. A partir de ellos se organiza toda la estructura. Posteriormente se colocan los ocom-moy, horcones secundarios de menor diámetro que delimitan los accesos, conforman los ábsides y apoyan tanto los muros como la cubierta. Sobre los noh-ocom se apoyan los balo, travesaños principales que atraviesan el ancho de la vivienda y que sirven de soporte para otros elementos estructurales. En los extremos de estos se disponen los pach-nah, que definen la altura de los muros y el perímetro del espacio habitable. La estructura de la cubierta se conforma mediante los tox che’, maderos que forman las tijeras y determinan la altura e inclinación del techo. Estas se refuerzan con travesaños secundarios (ka’aac) y con el belcho’, elemento horizontal que aporta rigidez. En la parte superior se coloca el holnah-che’, viga longitudinal que recorre el eje de la casa y recibe el conjunto de la cubierta. El cuerpo del techo se completa con los huincli-che’, elementos verticales que se amarran a distintas alturas de la estructura y que, junto con los hiil, varas delgadas colocadas horizontalmente, permiten la fijación del huano que conforma la cubierta vegetal.Los muros se levantan a partir de un tzoltun, pequeño basamento de mampostería que recorre el perímetro de la casa. Sobre éste se colocan los colox-che’, maderas verticales que forman el entramado del bajareque, sostenidas por los hala’-che’, travesaños horizontales exteriores. Finalmente, el cerramiento del ábside se realiza mediante el holmuch’, un conjunto de varas flexibles traslapadas y amarradas que cierran la estructura y refuerzan su estabilidad.
Todos estos elementos se elaboraban a partir de la madera de árboles locales de la región, entre los que destacan principalmente el zapote, chacté, ceiba, jabín, tzalam y chechén, entre otros. Estas maderas presentan alta resistencia a los hongos, los insectos y la humedad, lo que favorecía —y continúa favoreciendo— la conservación de la vivienda de los pueblos mayas frente al clima tropical de la zona.
El bungalow inglés

Casa P. W. Shufeldt en Belice. Fotografía: Paul Andersen. Fuente: ambergriscaye.com
El bungalow inglés fue introducido en la región por y para la comodidad de la población vinculada a la administración colonial de Honduras Británica. Fueron casas de una o dos plantas, con cubiertas de plancha de zinc y ornamentos externos, como barandas, celosías, guardamellas, columnas y capiteles decorados con marquetería. En su interior, incorporaban muros construidos mediante sistemas de ensamblaje por encaje de listones de madera.
La construcción de estas casas se basaba en planos modelo extraídos de catálogos de empresas dedicadas a la comercialización de viviendas de madera. En algunos casos, incluso, la casa completa era importada desde Estados Unidos o Gran Bretaña para ser reconstruida en el nuevo territorio como ocurrió con la de Casa P. W. Shufeldt, un ciudadano estadounidense con concesiones chicleras en Guatemala, que trasladó su vivienda, construida originalmente en 1866 en Nueva Inglaterra, Estados Unidos. Una vez desmontada, fue enviada en buques de carga a la ciudad de Belice, donde fue reensamblada. A pesar de que las termitas y las condiciones propias del clima tropical obligaron al reemplazo gradual de diversos elementos a lo largo del tiempo, la casa sobrevivió a numerosos huracanes e incendios. Tras la independencia de Belice, el inmueble dejó de ser una vivienda privada para funcionar como la Embajada de los Estados Unidos, convirtiéndose en la última embajada estadounidense construida en madera en el mundo. En 2006, el edificio fue vendido a un particular y posteriormente demolido.
Ya fuera a partir de catálogos con planos modelo o de la referencia visual de casas importadas, estos recursos iniciales, puestos en manos de carpinteros, ebanistas y madereros, propiciaron la formación de técnicos especializados en la construcción de este tipo de viviendas. Con el tiempo, dichos especialistas incorporaron adaptaciones exigidas por el clima de la región y por el intercambio cultural propio del contexto histórico.
Adaptaciones de la casa maya
En algunos casos, la vivienda maya incorporó materiales propios del bungalow inglés, como la lámina de zinc en las cubiertas, en sustitución de la palma de huano. En cuanto a las técnicas constructivas, ciertos ejemplos reemplazaron los muros de bajareque por sistemas de machihembrado de madera. De igual manera, la planta ovalada característica de la casa maya fue sustituida, en algunos casos, por una planta de trazo rectangular.
Adaptaciones del bungalow inglés
En el caso del bungalow, originalmente construido con maderas como pino, oyamel o cedro americano, se adoptó el uso de especies locales —evidentemente, más eficientes frente a las condiciones climáticas de la región— como la caoba, el pixoy, el cedro rojo, el kuche y el yaxnic. Destaca especialmente el empleo del chicozapote, ampliamente utilizado en postes estructurales y pilotes, debido a sus propiedades de alta resistencia a la humedad e insectos. En cuanto a las adaptaciones constructivas, frente a las constantes inundaciones se introdujo el uso de pilotes para elevar la vivienda del suelo. Asimismo, se procuró sustituir, en lo posible, las circulaciones internas por circulaciones exteriores, realizadas bajo cubiertas o pórticos, así como el uso de vigas de celosía y cerramientos de muros que no alcanzaban los falsos techos.
Conclusión
La vivienda vernácula del territorio que ahora conforma México, se encontró en cierto momento histórico, con las tecnologías constructivas en madera introducidas durante la época colonial. Este encuentro no resultó en una simple transferencia técnica, se llevó a cabo un proceso complejo de apropiación, adaptación y resignificación por parte de los pueblos originarios. Las técnicas europeas de ensamblaje, modulación estructural y tipificación formal se encontraron con sistemas constructivos profundamente enraizados en el conocimiento del territorio, del clima y de los materiales locales, dando lugar a arquitecturas híbridas capaces de responder de manera eficiente a contextos ambientales y culturales diversos.
Las distintas tipologías precoloniales analizadas —como la casa maya— evidencian que las tecnologías de ensamblaje no formaban parte de la tradición constructiva de los pueblos originarios de México, quienes resolvían las uniones entre los elementos de madera mediante sistemas de amarres, generalmente realizados con bejuco. No obstante, resulta evidente un profundo conocimiento no solo en la selección precisa de las especies según sus propiedades físicas y mecánicas, sino también en el desarrollo de sistemas constructivos flexibles, desmontables y reparables -propios de la arquitectura en madera- y adaptados a distintos climas.
Este conocimiento del bosque y de sus especies forestales propició una adaptación material basada en el uso de maderas locales frente a la introducción de tecnologías coloniales, tales como los entramados estandarizados, el machihembrado y los ensamblajes mecánicos de mayor precisión. Dicho proceso derivó no solo en una mayor resistencia y durabilidad de las edificaciones, sino también en la consolidación de economías forestales locales y de oficios especializados vinculados a la carpintería y a la construcción en madera.
Un ejemplo claro de esta apropiación tecnológica es la troje purépecha, vivienda vernácula de origen poscolonial que, si bien incorpora técnicas de ensamblaje introducidas durante la época, estas fueron reinterpretadas y adaptadas por el pueblo purépecha. Aún hoy, sus procesos constructivos conservan una fuerte dimensión ritual y simbólica que abarca desde la selección del árbol, su corte y el ahumado o tratamiento de la madera, hasta la colocación de los elementos estructurales. Estas prácticas están acompañadas de ceremonias que reflejan una relación respetuosa y espiritual con el bosque, el árbol y la madera.
En este sentido, la arquitectura en madera desarrollada en México durante y después del periodo colonial puede entenderse como un sistema maleable, en el que convergen, por un lado, tecnologías constructivas adoptadas y en constante transformación y, por otro, un conocimiento milenario y una relación ética con el entorno forestal, particularmente en los procesos de obtención, selección y uso de la madera como material constructivo.
Fuentes
Checa-Artasu, M. M. (s. f.). Reflexiones en torno a la arquitectura histórica en madera de Belice. Centroamérica Patrimonio vivo | Acer-VOS
https://www.upo.es/investiga/enredars/wp-content/uploads/2017/03/16-43.pdf
Checa-Artasu, M. M. (2009).Entre la casa maya y el bungalow Arquitectura de la frontera México-Belice. Bitácora Arquitectura num. 19. p. 62-68